martes, 30 de marzo de 2010

Muerte en la cruz según un análisis médico

A los 33 años Jesús fue condenado a muerte.
La "peor" muerte de la época. Sólo los criminales eran condenados como Jesús.

Jesús en el Huerto suda sangre


Los Evangelios nos dicen que Jesús comenzó a sudar sangre cuando estaba orando en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esto no es un lenguaje poético sino una condición médica llamada "hematidrosis". No es muy común pero puede darse cuando hay un alto grado de sufrimiento psicológico.

Lo que sucede es que la ansiedad severa provoca la secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Como resultado, hay una pequeña cantidad de sangrado
en las glándulas y el sudor emana mezclado con sangre. No es mucha sangre sino una cantidad muy pequeña. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

Ya Jesús estaba debilitado por lo sucedido en el Huerto y la noche entera sometido a falso juicio y golpizas y cárcel.

La flagelación


Las flagelaciones romanas eran conocidas por ser terriblemente brutales. Generalmente consistían de treinta y nueve latigazos. El soldado usaba un látigo con tiras de cuero trenzado con bolas de metal entretejidas. cuando el látigo golpeaba la carne, esas bolas provocaban moretones o contusiones, las cuales se abrían con los demás golpes. Y el látigo también tenía pedazos de hueso afilados, los cuales cortaban la carne severamente.

La espalda quedaba tan desgarrada que la espina dorsal a veces quedaba expuesta debido a los cortes tan profundos. Los latigazos iban desde los hombros pasando por la espalda, las nalgas, y las piernas.
Mientras continuaba la flagelación, las laceraciones rasgaban hasta los músculos y producían jirones temblorosos de carne sangrante. Las venas de la víctima quedaban al descubierto y los mismos músculos, tendones y las entrañas quedaban abiertos y expuestos.

La víctima podía experimentar un dolor tan grande que le llevase a una conmoción hipovulémica. Hipo significa "bajo, "vol" se refiere a volumen y "émica" significa "sangre", por lo tanto, conmoción
hipovolémica quiere decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre. Esto causa 4 efectos:
1. El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
2. Baja la presión sanguínea, lo que provoca un desmayo o colapso.
3. Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
4. La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

Camino al Calvario


Jesús se encontraba en condición hipovólemica mientras ascendía por el camino hacia el lugar de la ejecución en el Calvario llevando el madero horizontal de la cruz.

Finalmente Jesús se desplomó y un soldado romano le ordenó a Simón que llevara la cruz por él. Luego Jesús dice "Tengo sed" y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.

En el momento de la crucifixión

La muerte de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. No a todos los criminales condenados los clavaban a la cruz. Muchos eran amarrados.

A Jesús lo acostaron y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal. Esta viga se llamaba patibulum y en ese momento estaba separado el madero vertical, que estaba clavado al suelo de forma permanente.

Los
clavos que los romanos usaban eran de trece a dieciocho centímetros de largo, afilados hasta terminar en una punta aguda. Se clavaban por las muñecas. El clavo atravesaba el nervio mediano. Ese es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó. Al romper ese tendón Jesús y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar.

Dolor Excruciante


El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada "excruciante" (que significa "de la cruz") para describir semejante dolor.

Jesús colgado en la cruz


Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas.

Al momento de estar en posición vertical sus brazos se estiraron intensamente, probablemente 15 centímetros de largo y ambos hombros debieron haberse dislocado (solo tome en cuenta la gravedad, para sacar su conclusión), lo que confirmaba lo escrito en Salmos 22 "dislocados están todos mis huesos".

Una vez que la persona cuelga en posición vertical, la crucifixión es una muerte lenta y agonizante por asfixia. La razón es que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Básicamente, para poder exhalar, el individuo debía apoyarse en sus pies (fijos con clavos al madero) para que la tensión de los músculos se alivie por un momento. Al hacerlo, el clavo desgarraría el pie hasta que quede finalmente incrustado en los huesos tarsianos.

Después de arreglárselas para exhalar, la persona podría relajarse y descender para inhalar otra bocanada de aire. Nuevamente tendría que empujarse hacia arriba para exhalar raspando su espalda ensangrentada contra la madera áspera de la cruz.

Este proceso continuaba hasta que la persona ya no pudiera empujarse hacia arriba para respirar. Entonces moría.

Jesús aguantó esa situación por poco más de 3 horas.

Muerte de Jesús


A medida que la persona reduce el ritmo respiratorio, entra en lo que se denomina acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se disuelve como ácido carbónico lo cual causa que aumente la acidez de la sangre. Finalmente eso lleva a un pulso irregular. De hecho al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús se hubiera dado cuenta de que estaba a punto de morir, y es entonces que pudo decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" y luego murió de un paro cardiaco.

Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.

Traspaso del Corazón


P
ara acelerar la muerte, los soldados quebraban las piernas de los crucificados, utilizando para ello una lanza romana para despedazar los huesos de la parte inferior de las piernas. Eso evitaba que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar así que la muerte les seguía en cuestión de minutos.

En el Nuevo Testamento se nos dice que los huesos de Jesús no fueron quebrados como ocurrió con los otros crucificados. Esto fue así porque los soldados habían confirmado que Jesús había muerto; así se cumplió la profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías donde se dice que ninguno de sus huesos sería quebrado. Pero el soldado romano para confirmar la muerte de Jesús le clavó la lanza en su costado derecho. La lanza atravesó el pulmón derecho y penetró el corazón. Por lo tanto, cuando se sacó la lanza, salió fluido claro, como el agua, seguido de un gran volumen de sangre, tal como lo describe Juan, uno de los testigos oculares, en su Evangelio.



Además hay que mencionar la humillación que sufrió por el desprecio y las burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros,
mientras la multitud le escupía el rostro y le tiraba piedras (la cruz pesaba cerca de 30 kilos, tan solo en la parte horizontal, en la que le clavaron sus manos).


Pascuas ¿ por que nunca es para la misma fecha?


Origen y significado

La Pascua de Resurrección es la celebración cristiana que conmemora la resurrección de Jeús

La fecha de celebración varía entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ya que tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. Existe una fórmula que permite el calculo de la fecha de pascua, un cómputo realizado originalmente por la iglesia Alejandrina y que posteriormente fue adoptado por toda Europa. Sin embargo, debido a que siglos después surgió la diferencia de calendarios usados por la iglesia catolica (calendario Greogoriano ) y las iglesias orientales (calendario juliano), la fecha de Pascua varía para cada Iglesia, y solo en algunas ocasiones logran coincidir.

Los primeros cristianos —que eran judíos— celebraban la Pascua de Resurrección a la par cronológica que la Pascua judía. Pero desde el Concilio de Nicea los cristianos separaron la celebración de la Pascua judía de la cristiana, quitándole los elementos hebreos. Pero dejaron el carácter móvil de la fiesta recordando que Cristo resucitó en la Pascua hebrea. Hoy día la Iglesia Católica mantiene el carácter móvil de la fecha de Pascua, pero trata de no hacerla coincidir con el Pesaj judío.

Esta fiesta determina el calendario móvil de otras fiestas: así la Ascención (el ascenso de Jesús al cielo) se celebra 40 días después y Pentecostés 10 días después de la Ascensión. La semana anterior a la Pascua de Resurrección es la Semana Santa, que comienza con el Domingo de ramos (que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén). La Octava de Pascua (popularmente conocida como "semana de Pascua") es la semana que sucede a este Domingo de Pascua (o Domingo de Resurrección). El tiempo pascual o tiempo de Pascua designa, en la liturgia católica, las semanas que van desde el Domingo de Resurrección hasta el de Pentecostés.

A veces, el nombre Pascua se ha extendido a otras celebraciones cristianas, como Navidad (el nacimiento de Jesús) o Pentecostés (la venida del Espíritu Santo). Por ejemplo en Chile, el término Pascua se aplica coloquialmente a la Navidad, mientras que a la Pascua se le llama "Pascua de Resurrección".

jueves, 18 de marzo de 2010

La Fiesta de Todos ( Carlos Ruiz )

Se viene el mundial y el sentimiento de nacionalismo se potencia en cada uno de nosotros.

Ya falta poco.

Ya llegaran esos día en que los niños se pintarán la cara con los colores patrios, se envolverán en banderas y en cada mano llevarán un banderín celeste y blanco.

Los autos lucirán orgullosos en las antenas las cintas celestes y blancas.

Todos y cada uno dejaremos rodar una lagrima por nuestra mejilla y haremos “pucheritos” al sentir los acordes del himno patrio, allá en esas tierras lejanas, mientras las cámaras de televisión enfocan uno por uno a nuestros héroes patrios, esos que van a defender nuestro honor y regaran con sudor y alguna gota de sangre producto de la refriega el verde campo de la lid.

Por unos días casi nos olvidaremos de nuestras miserias y nuestro pensamiento será solo orgullosamente argentino.

Por que somos argentinos y se tiene que sentir que queremos los colores como nadie.

El argentino que tenemos adentro lo dejaremos fluir y como nunca sentiremos “esos colores” que nos distinguen del resto del mundo.

Como cada cuatro años volveremos a “ser argentinos”.

Los que estamos “acá” y aquellos que el destino en algún momento los llevó lejos de la patria.

Desde La Quiaca a Ushuaia un solo grito de corazón: Argentina, Argentina….

Sufriremos y gozaremos por igual ante las cambiantes circunstancias del juego.

Adoraremos casi con un sentimiento morboso a nuestros “héroes” si triunfan, y los pondremos en el cadalso si fracasan.

Y si la diosa fortuna quisiera vestirnos como “los mejores del mundo”, saldremos a la calle y en cada esquina nos abrazaremos con desconocidos e hincharemos el pecho cantando la canción patria a voz partida, sin ningún tipo de vergüenza como lo solemos hacer en los actos públicos.

Maradona volverá a ser el rey si triunfa y será el bufón si fracasa.

Por que lo único que importa es el triunfo.

El orgullo de aunque más no sea por un momento de sentirnos “argentinos”.

Así que por lo menos durante un mes vamos a ser “argentinos” (después Dios dirá)

Vamos subiendo la cuesta

Que arriba mi calle

Se viste de fiesta.

Hoy el noble y el villano

El prohombre y el gusano

Bailan y se dan la mano

Sin importarles la facha. (Joan Manuel Serrat)


Carlos Ruiz


martes, 9 de marzo de 2010

Disculpe

Disculpe si no entiende lo que canto
tal vez hablamos lenguas diferentes
usted reniega siempre de estos pagos
y yo quiero y admiro a nuestra gente.

Usted siempre derrocha madrugadas
hablando de los cielos de otras tierras
en cambio yo comienzo mi jornada
contento de estar bajo estas estrellas.

Disculpe si no me entiende
disculpe si no lo entiendo
usted habla por boca de otra gente y yo
y yo soy solo el eco de mi pueblo.

Disculpe si lo digo a mi manera
usted siembra rencor y yo esperanza
usted envidia de otro su bandera y yo
y yo adoro a mi celeste y blanca

Yo soy como el hornero y me retobo
mi patria es mi nido y la defiendo
en cambio ustedes son como los tordos
que quieren empollar en nido ajeno.

Hernán Figueroa Reyes

lunes, 1 de marzo de 2010

Presente

Cuando el Rock Nacional comenzaba a nacer a principios de los setenta, Ricardo Soulé de esa banda emblemática que se llamó Vox Dei, compuso este tema que se convirtió en un himno para toda una generación de argentinos que en aquellos años vivía de dictadura en dictadura.A pesar de los años su tema sigue vigente, sobre todos para aquellos que creemos que el pasado ya fué y que el futuro siempre es mañana.(Carlos Ruiz )

Presente

Todo concluye al fin
nada puede escapar
todo tiene un final
todo termina
tengo que comprender
no es eterna la vida
el llanto en la risa
allí termina.

Creía que el amor
no tenia medidas
o dejas de querer
tal vez otra mujer.

Y olvidé aquello
que una vez pensaba
que nunca acabaría
nunca acabaría
pero sin embargo terminó.

Todo me demuestra
que al final de cuentas
termino cada día
empiezo cada día
creyendo en mañana
fracaso hoy.

No puedo yo entender
si es asi la verdad
de que vale ganar
si despues perdere
inútil es pelear
no puedo detenerlo
lo que hoy empecé
no sera eterno.

Creía que el amor
no tenia medida
o dejas de querer
tal vez otra mujer.

Olvide aquello
que una vez pensaba
que nunca acabaría
nunca acabaría
pero sin embargo terminó.

Todo me demuestra
que al final de cuentas
termino cada día
empiezo cada día
creyendo en mañana
fracaso hoy.

Cuanta verdad
hay en vivir
solamente
el momento
en que estas
si el presente...
el presente y nada mas.

Ricardo Soule ( Vox Dei ) ( en You Tube pueden encontrar varios videos de este tema)

martes, 23 de febrero de 2010

Fuimos Maradona

En estos días de nula inspiración, me dediqué a leer algunas cosas guardadas y entre ellas me encontré con este escrito de ese grande que es Martín Caparrós, y me pareció valido poder compartirlo con todos ustedes ( de más está decir que comparto totalmente lo que acá se dice) Carlos Ruiz



Señor Diego, mantenga su palabra. Fije día y hora, un lugar más o menos discreto, y varios millones nos pondremos en cola para ejercer la succión que usted comanda.

Por M. Caparrós

16.10.2009

Es duro haber sido Maradona. A todos nos sucede: lo hemos sido. Durante muchos años, la escena se repitió en los lugares más variados, con interlocutores tan distintos, con los acentos más diversos:
–Where are you from?

Me preguntaron tantas veces y, cuando les contestaba que argentino, se quedaban mirándome. En Asia y África y Oceanía –por ejemplo– la Argentina existe muy poquito y mi respuesta provocaba, la mitad de las veces, una sola respuesta: ajá. O sea: la lógica ignorancia. Para la otra mitad –para los que sabían– el remate se repetía invariable:

–Ah, argentino… ¡Maradona!

Era impresionante: no se me ocurre ningún otro caso de país tan uniformemente sintetizado, definido por la figura de un señor. El vocabulario global pronuncia muy pocas palabras argentinas: tango ya tiene casi un siglo y después, además de maradona, la única voz que le dimos al mundo es el neologismo desaparecido. El jugador Maradona apareció en el momento justo en que la televisión empezaba a llevar el fútbol a los confines más lejanos: miles de millones de chinos, rusos, indios, africanos que nunca oyeron hablar del gaucho, de Evita, de Gardel, y que no relacionan a Guevara con el país donde nació, han visto a Maradona cacheteando pelotas –y es lo que saben de nosotros. “Alguna vez terminaremos de aceptar”, escribí hace unos años, “que para dos o tres mil millones de personas la Argentina y los argentinos –todos los argentinos, las vacas, las montañas, los presidentes, los violadores fugitivos, el novio de tu hermana, aquel triciclo, los inmigrantes bajando de los barcos, el cielo de Humahuaca, el peronismo, la esquina de Carabobo y Cucha Cucha, la marcha de san lorenzo, tu futuro, los ovejeros belgas y hojitas y sánguches de miga, las pastillas refresco, tlön uqbar orbis tertius, este papel manchado– no somos nada más o nada menos que la confusa nube de pedos que aureola la pierna izquierda del Gran Diez. El mundo está lleno de personas que nunca oyeron hablar de la Argentina pero sí de Maradona; el mundo está lleno de otras personas que sólo oyeron hablar de la Argentina porque oyeron hablar de Maradona. En el mundo –para todos los que no son vecinos o europeos con parientes o tercermundistas más o menos cultos–, la Argentina somos él. Digo: para miles de millones de personas somos él. Es un destino. Supongo que podría ser mejor. Y podría ser, también, mucho peor. Era un modelo complicado: peleador, simpático, quejoso, drogón, desaforado, ingenioso, creído, ilimitado, machista, popular, oportunista, cálido, cursi, inteligente. Fue difícil adaptarse a la idea de que los argentinos éramos eso, pero hicimos todo lo que pudimos”, decía, y entonces era cierto. Ahora menos: este año, por ejemplo, en varios países africanos, la escena se terminó distinto:

–Ah, Argentina. Yes, sure, Messi, Messi.

Es todo un cambio de cultura. Y debe ser difícil. A mí, sin ir más lejos, me indignaba un poco: no, yo no soy Messi, Argentina no es Messi. Es duro ya no ser maradona; me imagino lo difícil que debe ser para un tal Diego Armando.

Es duro para todos: nos habíamos acostumbrado, y nos gustaba. Durante muchos años fuímos él porque éramos rehenes de su belleza. Lo que hacía Maradona en una cancha de fútbol era tan desmedido, tan inesperado, tan extraordinario que era normal que lo que hiciera afuera lo fuera también –y que lo aceptáramos o celebráramos como pequeñas partes de un gran todo. Fue un artista notable –alguien que hace distinto lo que muchos hacen parecido– y ya hace más de un siglo que nuestras sociedades aceptan que los artistas tienen ciertos privilegios o, por lo menos, que sus actos no deben ser medidos con la vara general: si crean hechos o gestos que exceden los límites de lo pensado, ¿por qué tendrían que mantener sus vidas dentro de esos límites? Maradona se acostumbró a ese criterio, y lo sigue empleando. El problema es que ya hace muchos años que Maradona dejó de ser un artista.

Ahora el señor Maradona es un trabajador mediocre al que le salen las cosas más o menos mal, una nota hecha de información errónea y temblores sintácticos, una foto movida subexpuesta, un bife que llega a la mesa hecho una suela. Digo: un señor que en un año no ha conseguido armar un equipo que juegue a algo –que por eso le pagan. Un señor que supo poner incómodos a todos los demás con sus gestos y actos y que, desde que tomó este trabajo, vaciló y falló como muy pocos. Un señor que consiguió que ya nadie le crea: que dice que está pensando renunciar y a los dos días pregunta de dónde sacaron que está pensando renunciar. O, mucho peor, un señor que consiguió que ya no le crean ni sus subordinados: que busca a un jugador, le dice que es el mejor de todos y que lo va a tener siempre en su equipo y a las dos semanas lo desdeña. O sea, un señor que no sabe lo que hace: que busca a alguien y días después se da cuenta de que se había equivocado. Un señor que lleva un año sin poder ir a su lugar más aficionado –la cancha de Boca– por miedo a que miles de personas lo puteen: hablemos de fracasos.

(Y encima el morbo: si yo fuera un autor de thrillers malos –películas de verano americano cerca de un lago con rubia tetona y morocha tetona y asesino cosido de costurones verdes– me divertiría como un perro armando una historia en que el viejo maestro en decadencia –digamos, un director de orquesta, que siempre queda un poco misterioso– se ve, por esas ironías del destino, obligado a ser el que ayude a su sucesor a terminar de hundirlo en el pasado: el que le ponga el último clavo a su cajón. Y contaría cómo, por una serie de razones, el viejo maestro no puede negarse a su función –que, en un punto, incluso lo atrae: dejar un heredero es, al mismo tiempo, saber que uno se ha terminado y que no todo se termina con uno– y trata de cumplirla pero algo más fuerte que él lo lleva a desviarse, a ponerle al heredero obstáculos cada vez más visibles, a proponerle instrumentos defectuosos, partituras que no le convienen hasta que, al fin, aquella noche de tormenta, termina empujándolo por el acantilado porque no puede con su naturaleza y no soporta la idea de volverse historia.)

Es duro ya no ser maradona. Nos pasa a todos: ya no somos porque él ya no es. Si es duro para todos, me imagino lo difícil que debe ser para un tal Diego. Pero él, el señor Diego Armando Maradona, a quien esto le pasa en grado sumo, tanto más que a cualquiera de nosotros, eligió pensar que a él no le pasa sino que que hay unos hijos de puta que dicen que le pasa: los periodistas, muy en particular, y millones de argentinos más en general. La culpa es del relato, dice. Cuando era un artista no necesitaba explicarnos que lo que hacía era lo que era, porque se veía; ahora trata de explicarnos que lo que hace no es lo que es, pero se ve. Lo vemos: vemos el espanto futbolístico de su equipo. No precisamos que nadie nos lo cuente ni lo pensamos porque nos lo cuenten; lo vemos, como lo veíamos –si no éramos tontos entonces, no lo somos ahora. Pero el señor Diego dice que es puro cuento y por eso mandó a los que lo cuentan y a los demás que lo critican –a todos nosotros– a chupársela o, incluso, mamársela. Yo creo, señor Diego, que si usted lo dice sabe por qué lo dice, y sólo quiero pedirle que se haga cargo de sus palabras. Nos pidió –nos ordenó– que se la chupáramos; aquí estamos, dispuestos a tomar sus órdenes como deseos o algo así. Sólo queda que usted fije día y hora, un lugar más o menos discreto –dentro de lo que cabe–, y varios millones nos pondremos en cola para ejercer, de uno en fondo, esa succión que usted comanda. Quizá nos lleve días o semanas: valdrá la pena complacerlo. Será nuestro último homenaje, por los buenos viejos tiempos. Después, si sobrevive usted a tanto respeto –ya no creo que podamos considerarlo amor–, olvídenos, vayase por favor adonde pueda y permítanos recordarlo como era cuando era Maradona.

Digo: no siga destruyendo su memoria

MARTIN CAPARROS ( periodista, escritor argentino)


martes, 9 de febrero de 2010

¿ Somos Racistas ? ( Carlos Ruiz )

- En la playa me crucé con un negro que estaba todo trabado. ¡¡ que susto me pegué!!

- ¿y si en vez de un negro, te hubieras cruzado con un blanquito? ¿también te hubieras asustado?

- Silencio primero y después de unos segundos: ¡lo que pasa es que el negro estaba todo retrabado!

- Te vuelvo a preguntar ¿si hubiera sido un blanquito te hubieras asustado?

Este es un dialogo que tuvimos con Lautaro mientras almorzábamos un día en Las Grutas cuando estábamos de vacaciones.

Primero que nada, para los que no nos conocen vayan las siguientes aclaraciones:

Lautaro es mi hijo de 15 años (muy rubio de chiquito, hoy pelo castaño claro y hermosos ojos celestes) y cuando dice trabado se refiere a una persona que por hacer mucho gimnasio y pesas se le notan mucho los músculos.

El negro en cuestión es uno de los tantos que hoy por hoy vemos en casi todas nuestras ciudades y que han ido llegando desde África y que por lo general se dedican a la venta ambulante de bijouterie.

- Escúchame blanquito, no te olvides que si bien vos sos rubiecito y de ojos claros por parte de tu mamita, por tus venas también corre sangre mapuche por parte de tu padre, por que tus tatarabuelos se criaron en una toldería, así que apenas te raspen un poquito se te va a ver el indio que tenés adentro y por otra parte acordate que tu nombre es mapuche. (Lautaro, del mapundungún: Halcón ó ave veloz)

- Una sonrisa y se acabó la discusión.

Pasaron los días y y la conversación me siguió dando vueltas en la cabecita, de cómo vivimos en una sociedad que tiene a flor de piel la xenofobia por todos aquellos que son distintos a nosotros.Una vez le escuché decir creo que al negro Rada (uruguayo él y uno de los músicos del inicio del rock nacional), de que en Argentina no era que no había racistas, si no que lo que no habían eran negros.

Y creo que tiene razón, pero no por que en Argentina no hubiera habido esclavos, si no por que los usaron de carne de cañón en las guerras de la independencia y en ese mamarracho que fue la guerra de la triple alianza contra el Paraguay (algún día nuestro pueblo le tendría que pedir perdón al Paraguay por semejante crimen)

Si bien en mi país no hay casi personas negras, si hay una buena cantidad de personas de piel cobriza que son los descendientes de las antiguas poblaciones aborígenes que poblaron estos territorios y por supuestos los mestizos nacidos de la unión de los descendientes de los indios y los europeos que poblaron estas tierras.

Si bien la mayor parte de nuestra población es de origen europeo (dicen que somos el país más europeo de Sud América), la integración en líneas generales a sido bastante buena y si hay algo que hay que destacar es que en Argentina el pobre o de clase obrera le puede hablar frente a frente a cualquier persona por más dinero o titulo de profesional que tenga ( visité varias veces Chile, y los de clase mas baja casi no se animan a dirigirle la palabra, o bien lo hacen con una sumisión que llama la atención, a aquel que tienen un mejor pasar económico o algún puesto más alto en una empresa, por ejemplo)

De todas maneras, si bien en Argentina no existe el racismo que se ve en otros países, si hay cierta discriminación sobre todo para la gran cantidad de extranjeros que llegan de los países vecinos, como paraguayos, bolivianos, chilenos ó peruanos.

Después lo que también hay es la discriminación mas que nada desde las palabras y no tanto de los hechos, con aquellas personas que provienen de los barrios mas humildes y de las villas, por lo que es muy común oír cuando la gente se refiere a ellos, como “esos negros” en forma despectiva.

Esto mismo lo he visto y escuchado en algunas oportunidades con respecto a ciertas personas a las cuales se les menoscababa por ejemplo su talento por el solo hecho de tener rasgos indígenas, como por ejemplo a la negra Sosa (tenía un amigo al que no le gustaba como cantaba por el solo hecho de “ser negra”)

El hecho de vivir en esta sociedad es increíble como nos va marcando, aún a aquellos que tenemos tanto sangre india como blanca, por que por ejemplo cuando estuve en Perú me costaba entender que todos los que nos atendían y todos los dueños de las empresas de turismos, hoteles y restaurantes fueran descendientes directos de los antiguos dueños de esas tierras, y como casi no son “los blancos” ó descendientes directos de europeos los que dirigen.

Ahora que voy desarrollando el tema me voy dando cuenta que el pecado de Lautaro de asustarse por un negro, es nada más que el fruto de vivir en una sociedad que se dice abierta, pero que de una ú otra manera continuamente va discriminado a las personas ya sea por su condición social, su piel, su nacionalidad o su religión.

Carlos Ruiz